
La tradicional roturación de terrenos mediante el barbecho con el empleo de herramientas hereditarias como la chakitaqlla, constituye una práctica agrícola de origen prehispánico que integra conocimientos ancestrales y adaptación ecológica al contexto andino. En ese marco, el Gobierno Regional Cusco, en la comunidad de Unión Chahuay, en el histórico distrito de Sangarará (Acomayo), desarrolló la tradicional roturación de terrenos mediante el barbecho con el uso de herramientas ancestrales como la chakitaqlla, en un claro ejemplo de cómo las prácticas heredadas de nuestros antepasados continúan vigentes como alternativas sostenibles frente a los desafíos actuales.
De esta manera, a través del Proyecto Agrobiodiversidad de la Gerencia Regional de Recursos Naturales y Gestión Ambiental, articula saberes tradicionales con asistencia técnica moderna para fortalecer la producción agrícola en las comunidades de la región cusqueña.
Cabe indicar, que el barbecho permite la recuperación natural de la fertilidad del suelo a través de periodos de descanso para favorecer la regeneración de nutrientes y la conservación de la estructura edáfica. Por su parte, la chakitaqlla, como instrumento manual de labranza, posibilita una intervención mínima sobre el suelo, lo que permite reducir la erosión y preservar la biodiversidad microbiana.
“El desarrollo del Cusco no puede desligarse de nuestras raíces. Apostamos por un modelo que valore nuestros saberes ancestrales, fortalezca la economía rural y garantice alimentos saludables para nuestras familias”, enfatizó el gobernador regional, Werner Salcedo Álvarez, quien destacó, además, el rol de las comunidades campesinas como protagonistas del desarrollo.
El ‘Proyecto Agrodioversidad’ tiene intervención en los distritos de Acopia, Acos, Mosoc Llacta, Pomacanchi, Rondocan y Sangarará, en 10 comunidades de la provincia de Acomayo. Para el presente año, se proyecta la instalación de más de 35 hectáreas de cultivos andinos, contribuyendo a la recuperación de especies nativas y al fortalecimiento de la biodiversidad agrícola.
Dicha estrategia beneficiará directamente a más de 1 000 familias en las provincias de Acomayo, Paruro, Canas y Anta con el impulso de la producción de más de 10 cultivos originarios a fin de mejorar la economía familiar y consolidar la soberanía alimentaria en la región.
Asimismo, se promueve la revalorización de prácticas colectivas como la minka, símbolo de unidad, solidaridad y trabajo comunitario, pilares que forman parte de la visión política de una gestión que prioriza el desarrollo inclusivo y con identidad.